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El guitarrista del Diablo

El mito y la realidad que lo alimentó. Así empieza la leyenda…

Robert Johnson nació en Missisipi, EEUU, en mayo de 1911, en esa época un lugar difícil en el que vivir para cualquier afroamericano. Su corta vida no fue nada sencilla, plagada de desgracias y alcohol, acabó prematuramente a los 27 años.

El que creía su padre los dejó cuando aún era muy joven, dicen que escapando de un linchamiento ya que era un hombre negro de cierto éxito y eso no gustaba a los terratenientes blancos. Fue el pequeño de 11 hermanos y con su madre se mudaron de un lugar a otro, sin tener nunca un hogar estable. Pasaron los años y su madre se casó con un aparcero que solía maltratar a Robert por no querer trabajar en el campo.

Ya de niño demostraba gran interés por la música, comenzó tocando el arpa y la armónica y abandonó la escuela pronto con la excusa de un problema en la vista.

Quería ser libre y no un “esclavo” dedicado al duro trabajo de sol a sol en el campo, en aquella época los afroamericanos no tenían oportunidades laborales fuera de este trabajo, pero Robert decidió vivir del Blues. Tocaba su guitarra, no muy bien, por las plantaciones a cambio de unas monedas.

«El blues, la música del Diablo»

El Blues en aquel momento no estaba bien visto ya que, en una sociedad profundamente religiosa, se consideraba una música infernal.

A los 18 años se casó con una joven de 15 años llamada Virginia Travis, a la que prometió dejar la música y convertirse en un hombre “de bien”, poco después esta se quedó embarazada. Cuando Virginia e fue a casa de su abuela para dar a luz, Robert volvió a coger su guitarra y a tocar por los distintos locales de Blues de camino a conocer a su bebé, pero eso nunca ocurrió; su esposa y su hijo murieron en el parto y cuando él llegó para conocer a su primer hijo recibió la terrible noticia. Robert se quedó destrozado y la familia de Virginia, profundamente religiosa, lo culpó de atraer la desgracia por tocar música del Diablo.

Este hecho lo marcó profundamente y a partir de entonces se dedicó por completo a la música.

Tocaba en las esquinas por unas monedas, pero aspiraba a más. Solía ir a los locales en los que tocaban blues y cuando los músicos descansaban aprovechaba para tocar la guitarra, dicen que sin mucho talento y con protestas de los presentes en el local.

«Desapareció para volver siendo el mejor.«

Un día Robert desapareció para reaparecer poco tiempo después convertido en el mejor guitarrista de Blues que nadie había visto jamás.

¿Cómo podía ser? Era alguien mediocre, que aparentaba no tener ningún talento especial para la música y ahora hacía cosas que a nadie se le habían ocurrido antes, tocaba con tal soltura que daba varias notas al mismo tiempo con una facilidad que dejaba a todos boquiabiertos. No podía ser otra cosa; había hecho un pacto con el diablo al que le había cambiado su alma por ser el mejor. La leyenda se fue haciendo mayor con el paso del tiempo, su carácter y su forma de actuar la reforzaban, nunca se quedaba en el mismo sitio mucho tiempo, era huraño, en varias de sus canciones hablaba del diablo…

Según la leyenda, Robert se paró en el cruce de la 61 con la 49 en Clarksdale (Mississippi) con su guitarra en la mano, esperó hasta la medianoche la llegada del Diablo e hizo un pacto con él, cambió su alma por ser el mejor guitarrista del mundo.

Tras su vuelta a los locales de Blues algo había cambiado, el público ya no se quejaba cuando tocaba, se quedaba prendado, escuchando atentamente cada una de sus desgarradoras melodías. Su fama fue creciendo, a la par que su leyenda.

En uno de esos conciertos, un productor musical se fijó en él y entre 1936 y 1937 grabó 29 temas, que serían las únicas grabaciones de este gran músico y a través de las cuales podemos entender el gran talento que poseía Robert Johnson.

Algunas de estas obras maestras son “Sweet home Chicago”, “Love in Vain”, “Cross Road Blues”, “Me and the Devil Blues”…

La realidad es un poco distinta a la leyenda. Su desaparición no fue tan corta, en realidad fueron alrededor de dos años. En esos dos años Robert volvió a su ciudad natal y allí recibió clases de un gran guitarrista y dedicó todo su tiempo a aprender, a practicar interminables horas con su guitarra en el cementerio, donde no podía molestar a nadie. Sus dedos eran muy largos lo que le permitía hacer figuras imposibles para otros y con la práctica su técnica se convirtió en extraordinaria lo que unido a su talento y su dolor interior, lo convirtió en el mejor bluesman de la historia.

A los 27 años la vida promiscua de Robert lo lleva a una lenta y dolorosa muerte por envenenamiento a manos del marido de una de sus amantes en la que sería su última actuación.

Sigue atento a nuestro blog para seguir descubriendo curiosidades del mundo de la guitarra.

Ana Vilas Varela, CEO de Lía Custom Guitars S.L.

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